Pannullo tuvo acceso, gracias a la Universidad de Navarra, al archivo de imágenes de José Ortiz Echagüe, el gran fotógrafo español del siglo XX, ahondando en su trabajo desde lo que tenían en común: un interés más romántico que antropológico por el Magreb, materializado en cientos de instantáneas obtenidas por el fotógrafo en su estancia en Marruecos, entre 1909 y 1916. No era lo único: existía también una fenomenología oculta, los tipos y trajes y los rituales místicos de una España que es a la vez pagana, católica y musulmana.
Se incorporan diferentes estilos de danza urbana contemporánea y también de lo que no es danza, pero resulta susceptible de parecerlo: parcour, free-running, work-out freesytle, calistenia… Pannullo parece querer fundar la fantasía de un ballet de atletas, y de ellos se sirve para explicitar distintos comportamientos de la masculinidad, incluida tanto la históricamente perdida fraternitas iurata como los rituales contemporáneos del pavoneo macarra.
ATLAS es un espectáculo místico, el más místico de su autor, muy centrado en la trascendencia de lo humano, por un lado, y la intromisión especular de los rituales religiosos concretos, a modo de canales espirituales, pero también de fuentes de conflicto y desacuerdo.
Parece como si Pannullo estuviera tratando de realizar un compendio piadoso, acercar las religiones, todas, a un mismo punto equidistante, o incluso más: hacerse con el pulso del espíritu del hombre”.